Lo que funciona en primavera ya no sirve en otoño (O ¿por qué la crisis de los 40s?)

Llegamos a los 40 y, de repente y casi sin querer, uno se empieza a cuestionar dónde está y a dónde va.

Si llegaste al cuarto piso y te das cuenta que no has logrado tus metas, que, la verdad, no estás donde querías ni tienes lo que deseabas, es imposible no ser víctima de un serio ataque de depresión.

Pero, qué tal si “sí la hiciste” y estás no sólo donde pensabas sino todavía mejor (en términos labores o económicos o incluso familiares). Pues, felicidades pero ¿sabes qué? A ti también te va a dar la depresión.

Y si, no en su variante “frustrada” sino de grandes interrogantes: ¿Y ahora, qué sigue? Porque nadie nos dijo qué seguía después de tener la casa, la familia, la empresa y hasta el perro.

Claro, la respuesta podría ser fácil: ¡Quieres más¡ Pero, las preguntas siguen: ¿Más de qué? ¿Con quién? ¿Para qué?

Y te pones a analizar, de nuevo casi sin quererlo (porque, obviamente, las conclusiones a las que llegues pueden inquietarte profundamente y desestabilizarte).

En el caso de los ocupados laboralmente, uno puede empezar por un aspecto obvio, el trabajo: Querías ser jefe. Check (osease palomita, ya lo cumpliste). Pero ¿valió la pena todo el esfuerzo, la chinga, el tiempo invertido?

Y esa es la parte fácil pero, conlleva inevitablemente a la siguiente pregunta: ¿Para qué lo hice? Y, sobre todo ¿para quién?

Entonces, entramos en el siguiente tema que ya se pone emocionante: Tu pareja. Osease, la madre/padre de tus hijos o, al menos, aquella persona a quien le invertiste hartos días, meses y años.

Y claro que, seguramente, es un buen individuo a quien quieres pero, ya se te olvidó para qué lo querías contigo. ¿Necesitabas apoyo en el difícil camino hacia el éxito? ¿Querías una buena madre/padre para tus hijos?

¿Y qué pasa si ahora ya no necesitas ese apoyo sino un compañero de juegos para disfrutar tus logros? ¿Y si tus hijos ya crecieron, todavía necesitas a alguien que esté más pendiente de ellos que de ti?

Y conste que no sólo lo digo yo, lo dice uno de los grandes padres de la psicología moderna, Carl Jung:

“No podemos vivir el atardecer de la vida con el mismo programa que la mañana, pues lo que en la mañana era mucho, en el atardecer será poco, y lo que en la mañana era verdadero, en la tarde será falso”.

Y es que antes era más sencillo, para los 40 uno ya era abuelo y sólo quedaba esperar el final de la vida (apenas en el SXX la esperanza de vida promedio pasó arriba de los 50 años). Pero ahora, nos quedan varias décadas por delante y queremos vivirlas de la mejor manera y con la mejor compañía. ¡Qué gran reto¡ Así que, a deprimirnos un rato reflexionando para poder disfrutar no sólo del otoño sino de un gran invierno.

4 comentarios sobre “Lo que funciona en primavera ya no sirve en otoño (O ¿por qué la crisis de los 40s?)

    1. Claramente crisis siempre hay pero, hay algo en la terminación clara de la juventud (y eso sin duda ocurre en los 40s) que propicia una reflexión más profunda. Y, yo creo que, no se necesita que nos vaya mal para revisar donde estamos y ajustar rumbo. Gracias x tu comment. Abrazo!

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  1. En algún momento hay que reinventarse y relegar lo aprendido al cajón de los trastos inútiles, descubrir que hay otras actividades en la vida que la llenan de sentido y aprender a vivir sentado en el banco de la paciencia dejando a un lado el genio y la soberbia del éxito. Y guardar la depresión para motivos más importantes. Los cuarenta son una edad fantástica para no hacer las tonterias de los veinte. Un beso.

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