Tendrías que ser mujer para entenderlo

Cuando un hombre se acerca a hablarte sin que siquiera lo hayas mirado, eso no es simpático.

Cuando un hombre se sienta en tu mesa sin haberlo invitado, eso no es simpático.

Cuando un hombre asume que deberías hacerle caso porque …. es hombre, eso no es simpático.

Y además, les da por enojarse si no les haces caso y piensan ¡Tengo derecho a hablarte¡ Pues yo pienso:¡Tengo derecho a no contestarte¡

La noción de acoso es ciertamente muy complicada pero es una sensación constante cuando madre naturaleza ha decidido de qué lado de la balanza del poder estás (sin importarle lo que tú creas o logres o pienses).

Yo siempre he sido “fuerte”, “independiente” y “segura” pero eso no me hace menos vulnerable a ese estremecimiento que recorre la piel de tu cuello cuando tienes que caminar al lado un grupo de hombres que, sencillamente, están platicando un día domingo.

Y ese es el punto, ellos están ahí, tranquilos, sin ninguna intención de molestarte, por supuesto. Y tú, simplemente, pasas por ahí, sin ninguna intención de provocarlos o entablar una conversación. Sencillamente, coexisten en ese tiempo espacio.

Pero, y este es el GRAN pero, tu no asumes que tienes el derecho de llegar a interrumpirlos, de llegar a incomodarlos con tu presencia (porque, están tan a gusto hablando entre ellos, sin nadie que los moleste). Entonces, ¿por qué ellos asumen que tiene el derecho de sí hacerlo?

Y no se trata que no queramos que nos hablen por el simple hecho de ser mamonas, difíciles, agrias.

Es básicamente por la sensación de inseguridad y, miedo (sip, miedo) que esto nos provoca. No sabemos si será un tranquilo: “Hola chica, qué guapa” o si irán más allá y empezarán a insistir e incluso a seguirnos.

Y es este sentimiento primitivo de debilidad, de vulnerabilidad frente a la fuerza física masculina la que nos hace sentir débiles, frágiles, victimas.

Porque además, a muchos hombres les da por aplaudir estas acciones, por apoyar al “otro” que ha decidido atraer a la chica. No sé si sea por diversión o mera solidaridad pero, este instinto gregario básico de “los cazadores” frente a las “presas” no es simpático, no es nada simpático.