No quiero sonar paranoica pero…

¿No tienen la impresión de que nos están preparando para la hecatombe mundial?

Desde los blockbusters de este año hasta las noticias internacionales, a mi me parece que eso de un posible ataque de los muertos vivientes es el menor de nuestros problemas.

Me explico: Tenemos la ilusión (pero ésta todavía más falsa que las ilusiones normales) de que nosotros decidimos qué pensar y cómo ver la realidad. Se nos olvida flagrantemente que son nuestras percepciones las que determinan nuestra visión del mundo y que éstas son fácilmente manipulables. Para ejemplo basta mencionar el uso del color naranja en los restaurantes Vips para que nos dé hambre.

Empecemos por las películas, esa linda fuente de distracción mental y relajamiento existencial. Uno va al cine a olvidarse un rato de la realidad y claro, tooodos tenemos muy claro que entre Hollywood y el planeta tierra hay un abismo (para bien y para mal): Nuestro mundo es menos lindo-lindo, peligrosísimo y emocionante que el de las películas. Pero ¿estamos seguros que hacemos esta distinción?

Superhéroes, Jedis, espías, mutantes, piratas y drogadictos, asesinos, narcos, ciborgs y chimpancés de diferentes tamaños pelean en mundos que se destruyen, malos que sólo buscan la extinción de los buenos y asesinatos en guerras constantes. Claramente después de este coctel de historias terminaremos 2017 con una gran fe en la raza humana y llenos de esperanza en nuestro futuro… eh… No lo creo.

Y ni qué decir de las noticias internacionales donde las cadenas televisivas, en pos del rating, presentan las noticias más emocionantes, osease, sensacionalistas, escandalosas y, por qué no, morbosas que encuentran. Todo bajo un amarillismo total para no quedarse atrás del nivel de emoción y excitación al que nos acostumbra uno y otro día la tele, el cine y hasta el youtube.

Con esto, no es de extrañar que nos resulte difícil distinguir la ficción de la realidad: Los malos de las noticias no le piden nada al Emperador de las galaxias y seguramente nos preguntamos si los narcos que vemos en la nota policiaca no serán tan ingeniosos e inteligentes como los de las películas y series.

Pero además, los noticieros nos dejan con la firme creencia de que hay muchas cosas en el mundo de las cuáles deberíamos estar temerosos. Al jugar con nuestros miedos afectan nuestra perspectiva, y al perder la capacidad de darle la justa dimensión a las cosas nos volvemos presas del miedo y el enojo.

Como resultado tenemos una ecuación bien peligrosa: “Malos del mal” + “Planeta al borde de la destrucción” + “Niveles de empatía de menos dos” … ¿Qué nos espera?

¿Cómo que no eres feminista?

Con tantos y tan variados beneficios que tenemos actualmente, ¿quién se atreve a decir que no es feminista? Y no sólo pregunto a las mujeres, a los hombres también les conviene esto de la equidad.

Empecemos por el principio. La mayoría de los derechos y libertades de los que ahora gozamos son resultado de importantes batallas que muchas mujeres – y algunos hombres, hay que reconocerlo – enfrentaron vs. el statu quo.

Y no sólo se trata de triunfos muy notorios como el poder votar y ser votadas (Argentina 1942, México 1953, Kuwait 2005), sino de aspectos tan básicos como poder tener una cuenta de banco o una propiedad a nuestro nombre (Estados Unidos 1975, España 1981).

Poder divorciarnos (Chile 2004, Brasil 1977), manejar un auto (Negado en Arabia Saudita) o estudiar carreras “de hombres” son sólo otros más de los ejemplos de una lista muy larga.

Mi impresión es que hay dos grandes malentendidos en esto del feminismo. Por un lado, la creencia de que las feministas somos “antihombres” y, por el otro, la impresión de que “queremos ser hombres”. Error, sólo buscamos equidad; es decir, igualdad de oportunidades.

Pero, dirán algunos, esto ya es cosa del pasado. Las mujeres ya cuentan con tooodos los derechos. Pues déjenme decirles que no. Un ejemplo clarísimo: La notoria diferencia de sueldos entre hombres y mujeres (o pregúntenle a Robin Wright o Jennifer Lawrence que tuvieron que pelearse con los productores de sus series/películas para que les pagaran lo mismo que a sus coestrellas masculinas).

Eso sin contar los diferentes prejuicios sobre la libertad sexual que todavía permean nuestras opiniones sobre el comportamiento de hombres y mujeres: Si eres un hombre con mucha “actividad sexual” eres un “chingón”, “gran galán”, la envidia de todos pero… si eres mujer…. puta y “fácil” serán adjetivos frecuentes. Y ni hablar de temas escandalosos como la mutilación genital femenina todavía presente en más de 20 países.

Ahora, dirán ustedes, ¿por qué a los hombres les conviene ser feministas? Porque un mundo más equitativo es un mejor mundo para todos. Es más, a ellos les aligera la carga de tener que ser los fuertes, independientes y responsables de todo y todos a su alrededor.

Además, no puedo pensar en un mejor escenario que aquel en el que cada quien puede decidir libremente qué quiere hacer y quién quiere ser, sin prejuicios o restricciones legales que los limiten. ¿A poco no suena buena la idea?