Las maldiciones sí existen

Tenemos mucho que aprenderles a los cuentos infantiles, como aprender a no confiar en extraños que nos ofrecen dulces – como Hansel y Gretel – o a no escuchar a aquellos que nos susurran lindas melodías al oído – como el flautista de Hamelin -.

Sin embargo, hay un elemento común que, por alguna razón, siempre pasamos de noche: El asunto de las maldiciones.

Normalmente, cuando pensamos en éstas, se nos viene a la mente alguna buena película de terror o mínimo una de aventura tipo Momia 1 y 2. Pero, ¿nos hemos puesto a pensar en las maldiciones que corren en nuestras familias?

Una maldición, cuentan por ahí, es la expresión de un “deseo maligno” dirigido contra una o varias personas que, en virtud de algún “poder mágico/misterioso”, se cumple.

Éstas afectan a toda la familia, incluso a varias generaciones, y dicen los que saben que romperlas requiere de potentes hechizos. Pues claro, nada se resuelve fácilmente.

Ahora ahí les va LA pregunta del año: ¿Qué pasa de padres a hijos, de generación en generación? Pues ni más ni menos que los patrones de comportamiento que, cuando son bastante enfermitos, se parecen a maldiciones que joden la vida de todos los miembros y a sus descendientes.

Pensemos en esas familias que hacen chantajes, que no expresan afecto o se caracterizan por cualquier otro comportamiento de esos lindos que joden la autoestima. Claramente sus integrantes tendrán problemas para relacionarse y ni hablar de establecer vínculos emocionales sanos y satisfactorios.

Entonces, si un miembro – o una generación – no lucha contra esa maldición, sigue reproduciendo estos comportamientos afectando su felicidad y la de los que vienen después.

Y como en toda maldición, romper estos patrones cuesta harto trabajo pero, afortunadamente no requiere de baños de purificación o talismanes especiales, sólo de hartas ganas de superarlos.

Así que echemos un vistazo a nuestros padres, revisemos la pareja que elegimos y evaluemos el trato que damos a los miembros más jóvenes, seguramente encontraremos alguna que otra maldición a la cual darle cuello.