Olvídate de los propósitos de Año Nuevo, sólo sé mejor persona

Y no me refiero a ser buenos versión “en la fila para la santificación” o más amables o caritativos que San Francisco de Asis. Simplemente, en lugar de hacer una lista de promesas que sabemos no cumpliremos, dediquémonos a enfrentar mejor la vida.

Y tampoco me refiero a los grandes retos o a resolver las grandes encrucijadas que se nos presentan. Se trata, solamente, de tener mejores herramientas para el día a día. En mi caso particular, hay tres cosas que he aprendido y que me han ayudado a tomar la vida con “más filosofía”.

La primera y más importante: Hablaaa¡ Así de sencillo, sólo abre tu boquita y …. Di lo que piensas, pide lo que quieres. Los demás no somos brujos (aunque a veces parezcamos) y no podemos adivinar qué hay detrás de esa indirecta o esa mirada. Por más que el Otro nos quiera y nos conozca, eso de “sólo con una mirada nos entendemos” es producto de más de una película de Hollywood (es decir, es falso de toda falsedad).

Pero, lo que ocurre, es que eso de la responsabilidad como que no nos gusta. Siempre es más lindo poder echarle la culpa a alguien más del resultado de nuestros actos/palabras/decisiones. Además, frecuentemente se nos olvida que los Otros tampoco son responsables de cómo nos sentimos. Es uno quien puede decidir convertirse en víctima u optar por un comportamiento un poco más maduro.

El segundo aprendizaje es literalmente vital: Nada es taaan grave, sobrevivirás, lo prometo. Lo que ocurre es que nos hemos acostumbrado a pensar que somos rete-importantes y que tooodo lo que nos ocurre es de suma relevancia y la verdad es que no. Realmente, muchas de las cosas que nos pasan son meramente coyunturales y pasajeras y, rara vez, afectan y modifican nuestra vida de manera definitiva. Así que, relajémonos, todo tiene solución y si no, para qué preocuparse.

Claro, creemos, o nos gusta creer más bien, que somos los dueños de nuestro destino y que son las decisiones que tomamos las que definen nuestra vida. Pero, en el fondo es que eso de convivir con la angustia de dejar ir, no se nos da. Nos llenamos de miedo y nos rehusamos a aceptar que no siempre vamos a lograr lo que queremos o tener lo que pedimos, incluso si lo planeamos cuidadosamente. Pero así es la vida, llena de sorpresas.

En tercer lugar y, no por ello menos importante, está el agradecimiento permanente. Sí, también así de sencillo: Da gracias (a la vida, a Jehová, al osito Bimbo, a quién quieras) por tooodo lo que tienes. En lugar de quejarte por lo que no tienes, fíjate en lo que sí tienes. En lugar de criticar las situaciones que atraviesas, pon atención a todo lo que has aprendido gracias a ellas. Recuerda la sabiduría detrás del “vaso medio lleno”: La vida es como la percibes, como tú decides verla.

Entonces, si logramos ser más asertivos, nos azotamos menos y nos enfocamos en lo bueno, realmente no habrá manera de pasarla mal este año que empieza. Así que… ¡a trabajar¡