La historia cultural del pene

Sip, de eso trata el último libro que estoy leyendo y es impresionante la cantidad de cosas que he aprendido sobre el racismo, la misoginia e incluso la vida de los Santos.

Y es que este tema permite revisitar la Historia del hombre con una nueva perspectiva, mirar su “evolución” desde una nueva óptica.

Por ejemplo, enterarse de cómo la mirada crítica de San Agustín hacia su propio ímpetu sexual de juventud sentó las bases para el pensamiento occidental que desconfía de la sexualidad en general – y del pene en particular – (considerándolos “herramienta” del Demonio que incita a los hombres al pecado).

O darse cuenta de cómo el pensamiento de Santo Tomás de Aquino fue clave para justificar la cacería de brujas de los siglos XIII al XVII que se inspiró en sus escritos sobre el semen maldito (osease del Diablo) y aquellas mujeres que lo aceptaban (osease, las brujas).

O bien, tratar de entender cómo el tamaño del pene fue considerado una prueba científica contundente que “comprobaba” la inferioridad de la raza negra así como su menor capacidad intelectual y su carácter salvaje, casi bárbaro.

Y lo que es peor, informarse de que este argumento racista era compartido por grandes intelectuales con espíritus tan democráticos como Rousseau, Hume, Jefferson y Voltaire.

También es un tema que sirve para ilustrar pequeñas “inconsistencias institucionales”.

Como el que la Iglesia católica prohibía la amputación o destrucción de cualquier parte del cuerpo – a menos que fuera para salvar la vida – pero… justificaba la existencia de los castrati porque “su música honraba a Dios”. ¡Hagame Ud el favor! (Es más, todavía en 1902 algunos castrati cantaban en la Capilla Sixtina).

Aunque también se entera uno de cosas lindas como el poema de Walt Whitman sobre… el semen o la postura orgullosa de Da Vinci para quien el pene merecía ser exhibido con honor.

El escritor, David Friedman, autor de otras obras lindas sobre Oscar Wilde y Charles Lindberg.

Y Ud. ¿ya se masturbó hoy?

Ok, no hoy, pero, ¿esta semana?. ¿No? Bueno, este mes al menos.

A ver, si el sexo es bueno para la salud (fortalece el sistema inmunológico), el estado de ánimo (genera serotonina que nos pone de buenas), la belleza (mejora la irrigación sanguínea y con ello el tono lozano de la piel), el relajamiento (disminuye el stress) y hasta combate el insomnio, ¿por qué no lo hacemos más seguido?

Y qué mejor que hacerlo con alguien a quien conocemos profundamente (espero) y que nos cae bien (o nos tendría que). ¡Quién podría encontrar una mejor combinación!

Pero no, eso del sexo es malo y con uno mismo peor tantito. Es más, hay hasta quien afirma que eso del juego solitario es pecado mortal.

Vayamos poco a poco: La idea de que el sexo es válido sólo para fines reproductivos no se la cree nadie. El placer que se experimenta es buscado no sólo por otros primates sino también por algunos roedores y hasta los delfines amigos de Flipper.

Porque el sexo es muuucho más que placer. Es convivencia, complicidad, diversión y un montón de otras cosas resimpáticas. Cuando uno coge envía mensajes del estilo “Te quiero”, “Me caes muy bien”, “Estar contigo es genial”, etc. etc.

Y yo, la verdad, quiero decirle todas esas cosas lindas a mí misma ¿por qué sólo al Otro?

Además, viene la parte didáctica del asunto: Si yo no sé qué y cómo me gusta, cómo puedo pretender que el Otro lo averigüe, así nomás, solito, como por arte de magia. Y eso señores sólo se logra con la práctica, con el conocimiento profundo de nosotros y de nuestro cuerpo.

Ahora que si eres mujer esto se torna todavía más interesante (porque al menos los hombres sólo tienen que voltear para abajo). A ver chicas, ¿saben cómo son sus labios? ¿De qué tamaño es su clítoris? ¿Qué tan profundas son?

Pues toda esta información superinteresantísima, entretenida y valiosa no la sabrán hasta que empiecen. Así que, ¡manos a la obra! (en el sentido más literal del término).

¿Por qué la equidad no sirve en la cama?

Seguro a todos nos han dicho que para tener una buena relación, las reglas tienen que ser parejas. Es decir, aplicar los mismos criterios sobre qué sí se vale y qué no, qué se espera y qué se demanda a los dos miembros de la pareja (o a los tres o a más, cada quien).

Sin embargo, se nos olvida que la equidad es una cosa y la simetría otra. Es decir, asumir que cada uno debe tener/hacer/acceder a las mismas cosas es un GRAN error.

Porque, ser equitativos no significa ser simétricos sino dar a cada miembro de la pareja lo que “se merece” en función de SUS necesidades. Una cosa son los derechos y otra, muy diferente, las necesidades.

Y aquí no hablo de diferencias de género o de estilos de vida sino de algo mucho más importante y delicado, de la vil y llana disparidad en términos de líbido.

Dicho simplemente: ¿Qué pasa cuando uno es mucho más cachondo que el otro? ¿Quién cede? ¿Qué se acuerda?

Estoy segura que, en muchas parejas, si le preguntáramos a una de las partes muy posiblemente nos diría que cogen de más mientras que para la otra, la cantidad sería mínima comparada con su ideal.

Y ese es el problema de aplicar la equidad en el sexo. No se trata de las mismas oportunidades sino de que diferentes necesidades requieren distintos criterios para cada persona.

Claro que esto suena más fácil dicho que hecho. Seguramente todos queremos negociar con base en un espíritu de igualdad, casi democrática, característica de los padres fundadores de muchas de nuestras Repúblicas. Pero, francamente, estamos errados al equipar la dificultad para ser fiel de unos con el desinterés real por el sexo de otros.

Porque esto ocurre, y más frecuentemente de lo que pensamos. Muchas parejas son diferentes en sus gustos, en su nivel intelectual, en sus intereses y, también, en la cama.

Entonces, si somos diferentes en la cama y queremos cosas diferentes, al aplicar las mismas reglas para ambos miembros de la pareja no estamos dando un trato equitativo sino que estamos claramente perjudicando a una de las partes (o incluso a ambas al intentar un término medio que seguramente no dejará feliz a ninguno de los dos).

El reto es cómo dar solución a una situación que se perfila como re-complicada: ¿Cómo procurar prestar atención a las distintas necesidades y lograr que las reglas no sólo sean parejas sino realmente equitativas al reconocer que cada miembro puede necesitar algo diferente?

Pero bueno, si no empezamos por darnos cuenta y dejamos de aplicar nuestra falsa idea de equidad como simetría, no podremos siquiera empezar a pensar y discutir nuevos acuerdos.

Con ustedes: ¡El clítoris!

Pues si, ahora resulta que ya es un descubrimiento contundente: El clítoris ES el pene femenino.

Y no se trata solamente de que “funcione igual” (osease, crezca y se ponga duro) o que sea su equivalente (como fuente de placer y excitación). Nop, el clítoris ES un pene.

Sólo basta ver los modelos 3D que están haciendo los franceses para sus clases de educación sexual. Sip, modelos a tres dimensiones y sip, clases de educación sexual.

Vayamos poco a poco. Del clítoris, como de los icebergs, sólo vemos la puntita, así que al tener un modelo completo podemos ver tooodo lo que está abajo y evitar que nos pase como al Titanic: Nadie quiere que su barco se hunda (osease, su relación, su acostón) por no saber el gran impacto que puede causar lo que está debajo de esa “pequeña puntita”.

Y de las clases de educación sexual… qué les puedo decir. Me encantaría ver la cara de la Asociación de Padres de Familia ante la sutil sugerencia de un modelo 3D, jiji. Si se niegan a hablar de disfrute y placer en la relación sexual y tratan a la masturbación como pecado capital con boleto directito al infierno, qué podemos esperar.

Pero bueno, concentrémonos en la dimensión individual, en el impacto que la falta de información sobre el clítoris tiene en nuestras encamadas.

Saber que el clítoris tiene “brazos” que rodean la labia cambia radicalmente el enfoque hasta del más dedicado “apretador de botones”. Chicos – y, obvio también, chicas -, el trabajo no es de profundidad, es de extensión. Es decir, hay que trabajar a lo largo y ancho del playground: Se trata de – aproximadamente – 10 cm de diversión de cada lado. ¿A poco no suena bien entretenido?

Esto no es todo, como estos brazos rodean la vagina, contribuyen al placer en la penetración. Y sí, se están imaginando bien, esto implica que la supuesta división entre orgasmos vaginales y clitoridianos no aplica tal cual. Si el orgasmo es “vaginal”, cuenta con ayuda de parte del clítoris y si el orgasmo es “clitoridiano”, éste recorre toda la circunferencia de la vagina ¿Así o más genial?

Pero a mi, lo que más me encanta de toda esta situación es que si podemos definir al clítoris como un “pene interno”, por qué no llamar al pene un “clítoris externo”.

La obsesión por el pene

La verdad que no la entiendo (si, hay muchas cosas que no entiendo y ésta es otra más).

Qué fijación con su tamaño y, para los más sofisticados, específicamente con su longitud y grosor.

No sé (si, también hay muchas cosas que no sé) por qué nadie les explicó que la vagina sólo, repito, SOLO tiene terminales nerviosas al principio. Es decir, sólo la entrada siente.

Así que si Ud. tiene 5 cm. más allá de ésta o 15 cm., la verdad, es que resulta menos importante a la hora de la hora. El placer no va por ahí.

Es más, si Ud. la tiene demasiado grande, le puedo garantizar que a las mujeres no siempre les gustará. Realmente es complicado hacer cosas divertidas como un oral y es francamente incómodo cuando se topa con la pared (porque ésta existe, déjenme decirles. Sí, hay un límite a qué tan lejos puede llegar).

Lo mismo pasa con el grosor. Un pene muy grueso no siempre equivale a una mejor sensación. A veces, es todo un reto idear cómo meterlo y eso de “ahí te va de un solo” puede generar más de un grito que seguramente no será de placer.

Pero, incluso si en el momento la susodicha en cuestión está disfrutando harto esto no implica que después, cuando ya se haya enfriado la cuestión, no diga ¡Auch¡, cuando se de cuenta que está un poco lastimadita en la entrada de tanta empujada.

Y además, yo puedo jurarles que no se trata de tenerlo sino de saber usarlo. Y, es más, de saber usar todo el arsenal.

Están los obvios comandantes: Pene, manos y boca. Pero también hay toda una serie de soldados de a piso representados en los miles de cm. de deliciosa piel.

Así que, en lugar de pensar en un “ejercito de uno”, piensen en atacar con todo un batallón.

El mejor General no gana solo una guerra, requiere de un buen ejército para lograr la conquista contundente del territorio enemigo.