El orgasmo femenino… ¿por qué es un acto de protesta?

En las crónicas de la historia médica hay una enfermedad con síntomas muuuy delicados: Ansiedad constante, insomnio, irritabilidad extrema, etc., etc.

Este serio padecimiento sólo atacaba a las mujeres pero su gravedad era tal que, para el siglo XIX – nos dice la literatura -, 75 por ciento de las ciudadanas americanas necesitaban tratamiento médico.

Y no sólo Freud habló de ella, sino que desde tiempos de los sabios griegos, su diagnóstico ya había sido establecido. Es más, hasta principios del siglo XX, existía un recurso casi infalible para remediarlo.

Sin embargo, la gravedad del padecimiento era tal que no bastaba una dosis, sino que el tratamiento tenía que ser aplicado de manera regular.

Y sip, se están imaginando bien, estamos hablando de la histeria y del tratamiento “médico” para tratarla.

¿Y cuál era la gran solución a este gravísimo malestar? El “masaje vulvular”.

Como lo oyen, los especialistas (o en su caso, sus enfermeras cuando el tratamiento demandaba demasiado tiempo) frotaban las vulvas de sus pacientes.

Ahora, parecería obvio que lo que estas pobres mujeres padecían no era otra cosa que mal sexo. Se trataba de mujeres mal cogidas o, sencillamente no cogidas, que no lograban alcanzar el orgasmo (porque de masturbarse ni hablar).

Por tanto, necesitaban ir al médico para lograr una “descarga energética” (¿qué tal el lindo nombre?) y así controlar su comportamiento histérico.

Porque claro, eso de reconocer que las mujeres tenían derecho al placer sexual y, es más, tenían harto deseo, se consideraba escandaloso, casi humillante.

Nosotras, tan puras, ahora resulta que éramos dependientes de cosas tan mundanas como una vil explosión de placer.

Pero, ocultar el deseo sexual femenino, presentarlo como algo malo, casi patológico, no se limita a épocas medievales. Todavía existen quienes se niegan a reconocer su importancia y hablan de éste como un tabú.

Pero, ¿para qué Madre Naturaleza nos habrá dotado de un órgano cuya única función en la vida es dar placer (nuestro preciado clítoris) si no es para usarlo?

Así que sólo para empezar a emparejar el marcador, yo creo que es nuestra obligación moral tener un montón de descargas energéticas.

Si quieren reírse un rato (de lo patético de los ejemplos), les recomiendo el libro “The technology of orgasm” sobre la variedad de dispositivos para remediar la histeria femenina.