El fascinante mundo de … los espermatozoides

Quien diría que hay tanto que aprender de estos pequeños. Es como toda una nueva versión de la famosa película “Everything you wanted to know about sex (but were afraid to ask)” de Woody Allen.

Empecemos por explicar una idea evolutiva muy interesante: La competencia del esperma.

Todos sabemos (espero) que estos encantadores seres nadan rápidamente para ver quien llega primero y gana el premio mayor: Fertilizar el óvulo. Pero, ignorábamos que Madre naturaleza decidió equiparlos para poder competir también contra los espermatozoides de otras casas, osease, de otros machos.

Explícome: Esta teoría plantea que los espermatozoides vienen en formas diferentes y que a cada forma le corresponde una función particular – como todo un ejército con kamikazes, infantería y guerreros alfa -.

De esta manera, los diferentes “grupos” tienen tareas muy claras y específicas: Acabar con cuanto “esperma enemigo” encuentren o bien, distraerlos o, como en todo buen equipo de futbol, permitir que el quarter back (o delantero, según sea el tipo de futbol de su preferencia) anote un touch down.

Pero lo fascinante no termina ahí. Como la evolución tiene claro que eso de la fidelidad no está en nuestros genes, la cantidad y el tipo de espermatozoides que “se disparan” en cada venida pueden ser diferentes en función de qué tanta competencia creen que habrá.

Y es precisamente el hecho de que operan por creencias, el más interesante. Es decir, no es necesario que el macho en cuestión sepa que hay otros más rondando su amorcito. Sólo basta con creer en esta posibilidad para que toda la estructura del ejército sea definida: Qué funciones son necesarias y qué cantidad de soldados se requieren.

Finalmente, hay otro dato encantador de esto de la evolución y que hace todo el sentido si uno piensa en el estado de estas fuerzas combatientes: La masturbación tiene una función evolutiva.

Es decir, como en todo buen ejército, son los jóvenes y fuertes los que cuentan con mayor probabilidad de llevarse la victoria. Por tanto, los espermatozoides más “viejos” deben ceder su espacio a las nuevas generaciones. Así que, qué mejor que hacerlo con una rica explosión.

Si quieren leer más sobre esta teoría (encantadora pero todavía en revisión), les recomiendo el libro, Human Sperm Competition de Baker y Bellis. En el mientras, diviértanse pensando en qué tipo de espermatozoides habitarán esa vagina por un par de días.

¿Por qué leer Antropología y Neurociencia ayuda a entender mejor las relaciones y el sexo?

Ahí les van 4 de las explicaciones más interesantes que confirman que las abuelitas y la sabiduría popular tenían razón (aunque no sabían por qué):

1. Hacerse la difícil funciona
2. Los hombres son todo ojos
3. Las mujeres quieren hablar
4. Pero, para todos, el sexo es bueno para la salud (en particular el semen)

Empecemos por la tradicional idea de que las mujeres tienen que hacerse del rogar para que los hombres “las tomen en serio”. Pues resulta que es cierto: Cuando obtenemos una “recompensa” fácil y rápidamente se reduce la duración y la intensidad de la influencia de la dopamina en el cerebro.

Por el contrario, un retraso en su obtención estimula su producción. Es decir, mientras más difícil actúes, más emocionado tendrás al de enfrente (Sip, al cerebro eso del feminismo y la equidad le importa poco).

Segundo, los hombres sí son más sensibles a los estímulos visuales y por una buena razón evolutiva. Ellos sólo necesitaban ver a la que tenían enfrente para saber si era – o no – una buena candidata para la preservación de su DNA (osease, para ser la madre de sus hijos). El ratio cadera-cintura, el tono de su piel y la simetría de su rostro eran claves importantes para evaluar su resistencia a las enfermedades y su estado de salud general.

En cambio, las mujeres tenían que “leer” más allá de una espalda ancha y unos brazos fuertes. Era necesario que prestaran atención a claves más sutiles para saber si el cristiano en cuestión sería confiable para quedarse y cuidar de su descendencia (al menos un par de años mientras éstos aprendían a caminar).

Por la misma razón, la charla precoito (la de antes de coger) es tan importante para las mujeres. Resulta que en esto de la evaluación de los candidatos a padre para sus hijos, ellas evalúan la capacidad del susodicho de priorizar el diálogo por encima de la calentura.

Dicho de otra manera, de aguantarse las ganas y escucharla hasta que esté lista para la acción. De esta forma, el prueba que es digno de su confianza y que cuidará bien de su progenie (o al menos, lo finge bien).

Finalmente, sabemos que el sexo genera hartos químicos que nos ponen contentos pero ahora resulta que el fluido seminal trae consigo importantes beneficios a la salud.

Además de contener dopamina, norepinefrina y tirosina (un aminoácido necesario para fabricar más dopamina) así como testosterona y estrógenos (que contribuyen a la calentura y al orgasmo), también incluye oxitocina y vasopresina que nos permiten construir lazos y hasta hormonas luteinizantes que nos ayudan al ciclo mensual. ¿Alguna otra razón para estar interesadas?

Les dejo la recomendación bibliográfica de esta semana: El ya clásico tratado de Helen Fisher “Why we love”.