La obsesión por el pene

La verdad que no la entiendo (si, hay muchas cosas que no entiendo y ésta es otra más).

Qué fijación con su tamaño y, para los más sofisticados, específicamente con su longitud y grosor.

No sé (si, también hay muchas cosas que no sé) por qué nadie les explicó que la vagina sólo, repito, SOLO tiene terminales nerviosas al principio. Es decir, sólo la entrada siente.

Así que si Ud. tiene 5 cm. más allá de ésta o 15 cm., la verdad, es que resulta menos importante a la hora de la hora. El placer no va por ahí.

Es más, si Ud. la tiene demasiado grande, le puedo garantizar que a las mujeres no siempre les gustará. Realmente es complicado hacer cosas divertidas como un oral y es francamente incómodo cuando se topa con la pared (porque ésta existe, déjenme decirles. Sí, hay un límite a qué tan lejos puede llegar).

Lo mismo pasa con el grosor. Un pene muy grueso no siempre equivale a una mejor sensación. A veces, es todo un reto idear cómo meterlo y eso de “ahí te va de un solo” puede generar más de un grito que seguramente no será de placer.

Pero, incluso si en el momento la susodicha en cuestión está disfrutando harto esto no implica que después, cuando ya se haya enfriado la cuestión, no diga ¡Auch¡, cuando se de cuenta que está un poco lastimadita en la entrada de tanta empujada.

Y además, yo puedo jurarles que no se trata de tenerlo sino de saber usarlo. Y, es más, de saber usar todo el arsenal.

Están los obvios comandantes: Pene, manos y boca. Pero también hay toda una serie de soldados de a piso representados en los miles de cm. de deliciosa piel.

Así que, en lugar de pensar en un “ejercito de uno”, piensen en atacar con todo un batallón.

El mejor General no gana solo una guerra, requiere de un buen ejército para lograr la conquista contundente del territorio enemigo.

No hay nada más sexoso

Que decirle a un hombre que mueres de ganas de cogértelo.

Ser objeto de deseo parece ser una fantasía que ni siquiera ellos tienen clara. Seguramente, ninguno te ha dicho: “Qué bonito sentí cuando me dijiste que me querías coger”.

Pero, si fueras hombre, sabrías – de alguna manera muy básica e intuitiva – que esta afirmación conlleva toda una serie de implicaciones re importantes y atractivas:

  1. Que a la chica en cuestión le gustas harto (Súper bueno para cualquier ego).
  2. Que la susodicha no tiene miedo de hablar de sexo (Y, como dicen… del dicho al hecho, no hay un gran trecho. Osease, se ve acción en tu futuro).
  3. Que a esta mujer le gusta el sexo (No utiliza el conocido “quiero hacer el amor contigo” u otras formas sutiles de disfrazar el deseo femenino. Dice claramente “ganas” y “coger” en la misma frase. ¡Suertudo¡).
  4. Que seguramente es proactiva y le gusta tomar la iniciativa (¿Realmente necesito explicar lo que esto implica en la cama?)
  5. Que le gusta disfrutar, gozar y no siente pena ni culpa por ello (Por que, realmente, ¿de qué tendría que sentirse mal?)

Una mujer que sabe lo que quiere, como en otros ámbitos de la vida, es muy atractiva. Por eso, me llama la atención el que no se nos haya ocurrido antes.

Es más, la verdad no entiendo cómo es que nadie nos dijo esto antes. En lugar de preocuparnos por la celulitis o el outfit perfecto, era muuucho más sencillo concentrarnos en nuestro deseo y expresarlo en voz alta. Así de sencillo.

Ah, porque cómo cuesta trabajo pedir lo que queremos y más cuando tiene que ver con asuntos de cama. Es más, este mismo término resulta ridículo.  “Asuntos de cama”, por qué no llamar a las cosas por lo que son.

Pensemos por un momento qué pasaría si una mujer dijera: Yo muero de ganas de bailar toda la noche, de comer helado hasta que me duela la panza, de cantar a todo pulmón, etc. etc.

Todos diríamos “mira, qué divertida”, “sería una gran compañía”, “seguro la pasaría uno genial” y otro montón de halagos.

Pues, en el sexo debería ser exactamente igual. Querer pasarla rebien en la cama, llevar las cosas al límite y divertirse de lo loco debería ser socialmente bien valorado.

Poder decir “quiero cogerte” y dejar claro que disfrutas del sexo, que no sientes vergüenza en decir lo que quieres y que, muy seguramente, tampoco tendrás ninguna pena en hacer lo que deseas. Ser una mujer que sabe lo que quiere y que es clara al pedirlo. ¿O no todas queremos eso?

 

“Fue puro sexo”

Cuando los hombres dicen “No significó nada, fue puro sexo”. Chicas, es probablemente cierto.

Que no debería ser, que si el sexo sin amor bla bla, que cómo pueden cogerse a alguien diferente de la persona que aman y toda una larga lista de comentarios, quejas y preguntas que, realmente, no aplican.

Déjenme explicar.

Los psicólogos lo llaman “compartimentalización”. Es tal y como suena, la división en compartimentos de nada más ni nada menos, que la vida misma. Los diferentes ámbitos, actores e incluso acciones están separados en la mente de los individuos.

Ahora bien, lo más importante de esta separación, no es que uno quede más neurótico de lo normal, sino que, todo lo contrario, ésta nos permite convivir con nuestras propias contradicciones.

Esto ocurre porque a cada uno de los compartimentos se le aplican diferentes reglas. De manera tal que uno puede vivir y convivir perfectamente con ideas y actitudes opuestas. Por ejemplo:

  • Amo a mi esposa pero… le pongo el cuerno.
  • Soy un buen hombre porque… no la engaño, es puro sexo
  • Una cosa son los afectos y otra… la carne

Y otras frases lindas por el estilo.

Hay que entender que esto es un mecanismo de defensa de la mente. Y no, no los estoy justificando. Los estoy tratando de explicar para que no les apliquemos el mismo “traductor” que a nuestras acciones.

Esto no significa que nos tengamos que aguantar y tolerar estas actitudes pero, es importante que, si decidimos mandar a volar a nuestra pareja por un acostón, no nos sintamos tan miserables preguntándonos cómo fue posible un comportamiento tan contradictorio.

Y, sobre todo, que nos sintamos bien con nosotras mismas, no pensando que fue  nuestra falta de encanto o sex appeal lo que provocó la infidelidad (al menos no siempre aplica J).

Pero además, y cito “recientes investigaciones han sacado a la luz el otro lado de la infidelidad, ese que no está relacionado con la insatisfacción en el día a día sino, más bien al contrario, con el engaño como una paradójica señal de que todo va bien”.

Esta afirmación va a la par de los datos que nos muestran algunas encuestas donde más de la mitad de los hombres y una buena tercera parte de las mujeres infieles, expresan estar muy felices con sus parejas.

Entonces, ¿por qué los cuernos?

Por que se nos olvida que no todo lo que ocurra en la mente, cuerpo y espíritu de nuestra pareja tiene que ver directamente con nosotros y nuestro desempeño. Muchas veces, se trata de meras exploraciones personales que no tienen la menor intención de cambiar el statu quo – y mucho menos la relación -. Raro, contradictorio, pero cierto.

Se llama monogamia serial

Si, sé que suena raro, pero todos aquellos amantes de las mascotas me van a entender.

Cuando uno tiene un perro (más que un gato porque a éstos les da por la independencia), se trata de una relación seria, profunda. Es “tu” perro.

Pero, el perro tiene una duración acotada. Es decir, en algún momento, lo más probable es que tu amigo parta antes que tu.

Claro, depende de la raza, el tamaño, los cuidados y un largo etcétera pero, un buen día, tu perro se va a morir y tú vas a sufrir. Incluso jurarás que no volverás a tener otro perro nunca más.

Pero luego, el tiempo pasa y, un buen día, conoces a otro amiguito peludo. Es lindo, simpático y, aunque no se parece nada al anterior, te empiezas a encariñar por toda una serie de cosas encantadoras que vas descubriendo.

Y es así como, casi de repente, te conviertes en dueño y mejor amigo de un nuevo perro a quien cuidarás y amarás.

Bueno, en el amor, es exactamente igual. Uno está en una relación y, aunque no forzosamente te tienes que convertir en viuda para cambiar de pareja, un día te encuentras con que ésta terminó y estás a punto de embarcarte en una nueva.

Esta nueva relación pinta seria y, claramente, tienes las mejores expectativas y deseos pero, muy posiblemente, también será finita. Ahora bien, no por ello implica que no será importante o significativa.

Por eso, lo mejor es disfrutarla y gozarla al máximo. No preocuparse por su duración, no clavarse en la cantidad de años sino en la calidad de éstos.

Por qué, ¿qué tiene de malo pasar por varias relaciones si todas éstas son buenas? Aunque claro, hay quien dirá que si son tan buenas ¿por qué se terminan? Para mi es sencillo, por que uno cambia, las expectativas son diferentes y no siempre es fácil seguir en el mismo camino.

¿O, me van a decir que lo que les gustaba y era importante a los 20 años sigue siendo clave en su vida 25 años después?

Pero esto no significa que las personas de repente pierdan toda importancia o que los afectos hayan desaparecido por completo. Simplemente, se trata de que ya no van a ser pareja La relación puede seguir siendo cordial, incluso muy amistosa, es sólo que cambió de naturaleza.

Así que, por qué todo el alboroto por encontrar a tu otra mitad si hay muchos otros pedazos maravillosos.

Por qué esperar a ese alguien que, además, tendría que ser maleable y flexible para ajustarse a los cambios que todos tenemos a lo largo de la vida. Mejor disfrutemos no sólo el aquí y el ahora sino al que está aquí ahora.

Ni puta ni santa, sólo bien cogida

Así empezó mi reflexión, misógina y parcial. Pero es que no entendía por qué si no se la están pasando bien en la cama, por qué no hablar, preguntar, aprender.

O qué, ¿soy la única que ve videos educativos – ojo, no porno, eso es harina de otro costal – sobre sexo oral, juguetes y un largo etcétera?

Y comprendo perfecto el pudor, la educación tradicional, las expectativas de la que será la madre de los hijos de alguien y todo lo demás pero, cuando el sexo va mal, no entiendo cómo quedarse calladas.

Y es que claro que uno sabe cuando no va bien. Cuando el otro está encima y uno no sólo piensa “a ver cuando termina” sino que está súper interesada en recordar la receta del quiche lorraine que nos dio la comadre el otro día (“¿eran 3 huevos o 4?”, “¿qué pasara si uso crema light, quedará igual la consistencia?” y otras preguntas así de profundas).

Y luego los pobres hombres pensando que todo va requetebién y ni idea que su misionero es requete aburrido (por más ganitas que le echen y aunque duren hartos minutitos).

¿No sería más fácil (y mucho más divertido) abrir el dialogo? ¿A poco es más grave “ofender” por preguntar que acumular rencor por no hacerlo? Uno se dice “para qué empezar una discusión por sexo si en tooodo lo demás nos llevamos rebien”.

Pero eso es falso, estudios han demostrado que cuando el sexo es bueno es una parte más que aporta al total de la relación pero cuando es malo pesa muchísimo.

Y claro, uno piensa, “pero no es tan malo” pero claro que es malo cuando uno no se la pasa bien, cuando no se disfruta, cuando no es divertido. Por que ¿qué es el sexo sino la convivencia genial de dos cuerpos?

Aclaro, no se trata de transformarse un buen día en toda una diosa del sexo. Es sencillamente abrir la conversación antes de seguir abriendo las piernas.

Desde hablar de las fantasías individuales, hasta compartirlas, hay todo un abanico de opciones entre besemos un poquito más y abramos la relación.

Y sé que es difícil. Decirle al otro “estoy abierta al diálogo” seguro apanica y genera respuestas tipo “no te preocupes, estamos bien”.

Además, si el otro es hombre, seguramente pensará, ahí en lo profundo de su alma: “Si claro, eso dicen las viejas, que no hay problema, y ya que uno dice algo como ..pues Juanita … ponen cara de pared y todavía tienen la indecencia de decir … no, no me pasa nada”.

Pero, si nos dedicamos a aprender tantas cosas inútiles (a dar vueltas de carro, aprender a jugar yoyó, etc. etc.) no veo por qué no le dedicamos aunque sea un poquito de tiempo a aprender de sexo. Si todos queremos (bueno, ok, no todos pero si muchos) ser mejores padres, profesionistas, deportistas o bailarines ¿por qué no querer ser mejores amantes?