Y Ud. ¿ya se masturbó hoy?

Ok, no hoy, pero, ¿esta semana?. ¿No? Bueno, este mes al menos.

A ver, si el sexo es bueno para la salud (fortalece el sistema inmunológico), el estado de ánimo (genera serotonina que nos pone de buenas), la belleza (mejora la irrigación sanguínea y con ello el tono lozano de la piel), el relajamiento (disminuye el stress) y hasta combate el insomnio, ¿por qué no lo hacemos más seguido?

Y qué mejor que hacerlo con alguien a quien conocemos profundamente (espero) y que nos cae bien (o nos tendría que). ¡Quién podría encontrar una mejor combinación!

Pero no, eso del sexo es malo y con uno mismo peor tantito. Es más, hay hasta quien afirma que eso del juego solitario es pecado mortal.

Vayamos poco a poco: La idea de que el sexo es válido sólo para fines reproductivos no se la cree nadie. El placer que se experimenta es buscado no sólo por otros primates sino también por algunos roedores y hasta los delfines amigos de Flipper.

Porque el sexo es muuucho más que placer. Es convivencia, complicidad, diversión y un montón de otras cosas resimpáticas. Cuando uno coge envía mensajes del estilo “Te quiero”, “Me caes muy bien”, “Estar contigo es genial”, etc. etc.

Y yo, la verdad, quiero decirle todas esas cosas lindas a mí misma ¿por qué sólo al Otro?

Además, viene la parte didáctica del asunto: Si yo no sé qué y cómo me gusta, cómo puedo pretender que el Otro lo averigüe, así nomás, solito, como por arte de magia. Y eso señores sólo se logra con la práctica, con el conocimiento profundo de nosotros y de nuestro cuerpo.

Ahora que si eres mujer esto se torna todavía más interesante (porque al menos los hombres sólo tienen que voltear para abajo). A ver chicas, ¿saben cómo son sus labios? ¿De qué tamaño es su clítoris? ¿Qué tan profundas son?

Pues toda esta información superinteresantísima, entretenida y valiosa no la sabrán hasta que empiecen. Así que, ¡manos a la obra! (en el sentido más literal del término).

Con ustedes: ¡El clítoris!

Pues si, ahora resulta que ya es un descubrimiento contundente: El clítoris ES el pene femenino.

Y no se trata solamente de que “funcione igual” (osease, crezca y se ponga duro) o que sea su equivalente (como fuente de placer y excitación). Nop, el clítoris ES un pene.

Sólo basta ver los modelos 3D que están haciendo los franceses para sus clases de educación sexual. Sip, modelos a tres dimensiones y sip, clases de educación sexual.

Vayamos poco a poco. Del clítoris, como de los icebergs, sólo vemos la puntita, así que al tener un modelo completo podemos ver tooodo lo que está abajo y evitar que nos pase como al Titanic: Nadie quiere que su barco se hunda (osease, su relación, su acostón) por no saber el gran impacto que puede causar lo que está debajo de esa “pequeña puntita”.

Y de las clases de educación sexual… qué les puedo decir. Me encantaría ver la cara de la Asociación de Padres de Familia ante la sutil sugerencia de un modelo 3D, jiji. Si se niegan a hablar de disfrute y placer en la relación sexual y tratan a la masturbación como pecado capital con boleto directito al infierno, qué podemos esperar.

Pero bueno, concentrémonos en la dimensión individual, en el impacto que la falta de información sobre el clítoris tiene en nuestras encamadas.

Saber que el clítoris tiene “brazos” que rodean la labia cambia radicalmente el enfoque hasta del más dedicado “apretador de botones”. Chicos – y, obvio también, chicas -, el trabajo no es de profundidad, es de extensión. Es decir, hay que trabajar a lo largo y ancho del playground: Se trata de – aproximadamente – 10 cm de diversión de cada lado. ¿A poco no suena bien entretenido?

Esto no es todo, como estos brazos rodean la vagina, contribuyen al placer en la penetración. Y sí, se están imaginando bien, esto implica que la supuesta división entre orgasmos vaginales y clitoridianos no aplica tal cual. Si el orgasmo es “vaginal”, cuenta con ayuda de parte del clítoris y si el orgasmo es “clitoridiano”, éste recorre toda la circunferencia de la vagina ¿Así o más genial?

Pero a mi, lo que más me encanta de toda esta situación es que si podemos definir al clítoris como un “pene interno”, por qué no llamar al pene un “clítoris externo”.

¿Y la vagina?

Seguimos combatiendo la abrumadora ignorancia (empezando por la mía). Yo nunca supe, es más, ni siquiera imaginé, que había diferentes tipos de vaginas.

Que había unas más apretadas, otras más suaves, otras más calientes y unas más, re húmedas.

Es decir, que prácticamente, había al – menos – cuatro criterios básicos para “evaluarlas”, diferenciarlas e incluso catalogarlas.

Aclaro, no sé si habrá una clasificación de vaginas como las que existen sobre los tipos de pene (de lápiz, de hongo, de cono y no recuerdo los otros) pero claramente me molesta que nadie me la haya platicado.

Es más, no sé si la falta de clasificación de una parte tan importante del cuerpo femenino es sólo parte de la “incultura” general en torno al sexo o bien, una muestra más de la inequidad de género.  Pero, en ambos casos, me niego a seguir sin explorar y comentar el tema.

Y no, no se me ocurre empezar a comparar entre amigas. ¿Se imaginan? Sería rete divertido. Ya me veo yo preguntando: “Oye Juanita, ¿la tuya es de las de cueva amplia y profunda o más bien de las que parecen colchón de cama con almohadón de plumas?”

Eso si, me imagino claramente el potencial de esta información para hacernos publicidad. Es decir, no de publicarlo en nuestras redes sociales pero si en un rico sexting con un potencial a susodicho (osease galán): “Tengo unas bellas tetas” (o “lindos senos”, si somos más conservadoras y nos da penita) “y mi vagina es pachonchita” (osease, como relleno de cojín).

O simplemente decir: “Soy Juanita, hablo inglés, me gusta practicar yoga y tengo una vagina muy rica”. Jajajaja. Me encantaría ver la cara de los pobres hombres al escuchar estas palabras de tan originales galanas.

Pero el punto, además de las múltiples oportunidades de promoción personal es que saberlo es importante.

Nos empodera y adueña de nuestros cuerpos. Y nos da un diferencial para decirle al de enfrente: Oye, yo sé que beso rico pero ahora también sé que tengo una vagina rica. ¡Suertudo ud¡