¿Cómo sobrevivir a la juventud?

La verdad no tengo ni idea pero sé que tiene que ver con que te dejen darte de topes, conocer hartas cosas y equivocarte seriamente un buen par de veces.

Y así, un día, de repente, te das cuenta que gente entra y sale de tu vida y tu continuas adelante.

Aprendes que nada es tan grave como para acabar contigo y que, quién sabe como, un día te enteras que te caes retebien.

Ves a tus amigos como realmente son y a pesar de eso los quieres. Entiendes que tus papás hicieron lo mejor que pudieron (e incluso esperas hacer un trabajo tan bueno como ellos).

Reconoces que tu cuerpo seguirá creciendo, sólo que ahora a los lados y que ya le piensas a eso de la vida nocturna hasta la madrugada.

El problema es que no hay manual ni agenda que sirva pero, gracias a Dios (Buda o el osito Bimbo) un día decides elegir tus batallas y sigues enojándote o poniéndote muy triste pero ya no te azotas.

Y sin embargo, sigues creyendo en los grandes amores, te esfuerzas en creer que la gente es buena y piensas que las cosas “pasan por algo”.

Te sientes “joven por dentro” aunque tu piel esté cubierta de arrugas y estás seguro de que “cuando seas grande” sí harás ese curso que siempre has querido.

Te extraña cuando la gente te dice señora y piensas seriamente si todavía estás en edad de ponerte pantalones de cuero (por no hablar de la cantidad de centímetros arriba de la rodilla permitidos por década).

Das de brincos cuando una canción te gusta y chiflas a todo pulmón cuando tus seres queridos están compitiendo.

Y es que, por más cursi que se oiga, la edad la trae uno por dentro. Así que si tenemos suerte, no sólo sobreviviremos a la juventud sino que nos quedaremos a vivir en ella por siempre.

¿Cómo no trabajé más horas?

De seguro nadie lo piensa en su lecho de muerte.

Porque trabajar mucho concentra todos nuestros esfuerzos en el presente y nos evita la angustiosa tarea de pensar en nuestro futuro, de revisar qué queremos y de tomar las decisiones pertinentes.

Pero ¿por qué no nos gusta pensar a largo plazo? ¿Por qué no tomar en cuenta tooodas las posibilidades? Porque además, de todas las opciones posibles, la muerte es la más probable.

Y realmente no creo que sea porque nos sintamos inmortales sino porque nos da miedo pensar en nuestro carácter finito.

Pero, esta forma de pensar es realmente poco eficiente. Pensar en la muerte nos permitiría ahorrarnos muchos de los arrepentimientos más frecuentes de los últimos días.

En su libro “Los cinco arrepentimientos de los moribundos” Bronnie Ware expone las principales preocupaciones de los últimos días de vida de quienes fueron sus pacientes terminales.

Y, de una manera simplista, la solución a éstas se puede resumir en una sola frase: Es tu vida, vívela.

Osease, tu eres el que decide qué quiere y cómo lo quiere, tu eres el que debe ponerse las pilas y trabajarle para lograr ser/tener/hacer lo que has decidido.

De lo contrario, uno se arrepiente de no haber hecho lo que realmente queríamos con nuestra vida porque optamos por tomar una ruta más fácil o, escuchar a los otros o, cumplir expectativas sociales o, por un montón de otras causas por las que nos olvidamos de seguir nuestro propio camino.

Claro, no es fácil. Se necesita coraje y piel gruesa para no caer en lo que la otra gente quiere o espera de nosotros, para tomar con “filosofía” las críticas y los cuestionamientos ajenos y, sobre todo, para decir lo que pensamos y sentimos. Pero se vale y, si no lo hacemos, seremos uno más de la lista de los arrepentidos a los que ya no les queda tiempo para corregir el rumbo.

Así que, por amor a ti, ve y haz lo que te plazca.